Una copa de vino y poco más

He cuidado y dado cobijo a toda la vida que me rodea. He abierto las puertas de mi hogar, de mi vida y de mi corazón. Y cuando lo he hecho me he sentido plena, sin temer ni tan siquiera un momento por que algo malo pudiera ocurrir en el interior.

Es ahí donde quiero llegar, es ese el punto de la historia donde me encuentro. Mi historia, aquella que he escrito llorando, riendo, sangrando, sudando, estremeciéndome y curándome. Claro que los resquicios del temor siempre encuentran la manera de colarse y hacer de las suyas.

Pero lo único que importa es cómo lo gestionamos, cómo procesamos todas y cada una de nuestras emociones y vivencias. Cómo ambas alimentan quienes somos. Imagínate que fuéramos arcilla y nos moldeáramos con nuestras propias manos. Así somos.

Masas. La música resuena y sigo pensando en el último libro que leí. “La biblioteca de la medianoche” me ha calado hondo. Estoy terriblemente empapada y no sé muy bien qué hacer con tanta agua. Cómo gestionarla. Creo que merece tiempo, dedicación y mimo.

Me iré en breve, en breve dejaré estas líneas suspendidas, pero no sin antes decir que la lectura puede sanar. Y no sólo eso, puede hacer que nos conozcamos un poquito más. Puede hacernos establecer una nueva conexión con nosotros mismos. Puede abrirnos una nueva ruta. Un nuevo camino. La lectura es, querido lector, una de las llaves de la vida. Y tú decides si utilizarla pero nunca te anticiparás a qué abre y por qué.

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