Qué paz donde hubo tanta guerra

Me tomaré la libertad de hacer de una realidad un capítulo de cualquier novela de amor.

 

CASTILLO DE GIBRALFARO

Estábamos muy por encima de por donde caminan las personas, es una particularidad estratégica de los castillos, ser vistos y a su vez poder verlo todo por si el enemigo decide hacer la guerra. Caminar hasta él y por sus entrañas implicaba estar en el mismo lugar que estuvo alguien en un pasado, en otra época, hace años, siglos. Conservar un castillo es conservar su historia pero desconocer todas y cada una de las historias que paseaban por él. Así de caprichosa es la historia, capaz de soportar años de lluvia e incapaz de responder ante quienes eran y cómo eran los que habitaban allí.

¿Cuántas historias de amor han quedado olvidadas?, ¿y cuántas, a lo largo de más vidas en más almas volverán a florecer? Le pedí que cerrara los ojos, era una sala que contaba la historia del castillo, que tenía utensilios y diversos objetos. Realmente, contarle la historia no era lo que pretendía. Vi que la acústica era espectacular y por un momento, sentí que quería que se quedara con ese momento para siempre, que mi voz se guardara en su memoria, que la sintiera y amara, tal y como lo hace conmigo.

Nunca antes se me había ocurrido semejante idea, nunca antes entoné tan bien y fui capaz de quizá, erizarle la piel. Si había una persona en el mundo que se mereciera cada partícula de mi, era él. Y mi voz quiso formar parte, así que envió la idea a mi cabeza de leerle en alto con voz de locutora, les sobró tiempo a mis labios para tomar la decisión. Se me encogió el estómago. Esa idea tan sencilla significaba todo para mi y quería que todo de mi lo significara todo para él. Lo hice, y ese detalle tan pequeño, tan sencillo, me pareció mágico. Y más cuando tengo la capacidad de leer y apartar la vista de lo que leo porque consigo retenerlo en mi memoria.

Eso me permitió ver su rostro, su expresión, su sonrisa llena de paz. Quiero creer que logré transmitirle con mi voz cuánto le quería, cuánto le admiraba y cuánto estaría dispuesta a hacer por él. Hay capítulos que dicen tanto, hay tantas formas de mostrar amor y mi forma fue mi voz, pero no mi voz, sino todo lo que quería decir sin decir nada de lo que sentía.

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