vida pasada a día de hoy

Un día me dije, “estoy preparada” y al poco tiempo apareció él. Me tomé mi tiempo para llegar a esa decisión y decirla en voz alta. Tardé en invocarla, tardé porque no estaba preparada, no del todo. Fue entonces cuando nuestras energías se encontraron y con ellas, nos encontramos nosotros. Hubo una conexión, yo sentí como si le conociera de antes.

Y es que antes de todo esto empecé a leer un libro, uno que habla sobre vidas pasadas, sobre hilos rojos y sobre relaciones kármicas. Un libro que ahora tiene significado, en realidad es una bilogía. Esa bilogía consta de soñar con el amor de tu vida, hacerlo realidad y luchar hasta encontrarlo, hasta que sea de carne y hueso. La protagonista se llama Violeta y no hay persona, en estos momentos, con la que me sienta más identificada, siendo ella un personaje de ficción.

Violeta es un baúl de aprendizajes. Abres el baúl y a cada página encuentras una lección envolvente, capaz de hacerte cambiar e incluso reflexionar. Violeta soñó con Paul, y Paul se hizo realidad. Yo soñé con él, y él, se hizo realidad. Encontré magia en un mundo donde la ficción no tiene cabida, donde lo místico se refuta con ciencia. También en este mundo privado de instintos encontré el mío, y ahora un escalofrío puede alejarme de un alma podrida, sin conocerla.

Si la vida fuera un tiovivo nunca dejaría de girar, ni de sonar, sonaría su canción constantemente. Podemos cerrar los ojos y girar, y ver las vueltas que da la vida, y vernos hace unos años, y vernos ahora. Y verlo absolutamente todo, incluso lo que no veíamos cuando éramos ciegos, ingenuos, inocentes…

Pensé que nunca me enamoraría y que caerían mis hojas, como caen los “me quiere” y “no me quiere” de una margarita. Y me equivoqué, ¿cuántas veces me habré equivocado ya? Y aún así no dejo de aprender, de sorprenderme, de equilibrar todo aquello que a mi paso puse patas arriba.

Ahí estaba mi Paul, la “P” esta inacabada en mi caso. Supe como era nada más conocerle, lo supe quizá porque un hilo tiró de uno de mis dedos. El corazón me dio un vuelco y el estómago me dijo, “esa es tu elección“. Elegí. Elegí por instinto, elegí dejándome llevar en todo momento. No me preguntes por qué, pero sabía quién eras. Veía sin filtro lo que había dentro de esos ojos que entre semejan a la tierra. Había estado antes en ese bosque verde y marrón, había caminado desnuda y descalza. Caminé con lentitud, y con la seguridad que aporta conocer el terreno como la palma de tu mano.

El instinto de un animal salvaje en su hábitat. Su presencia se colaba en mis pulmones, acariciándome la piel, y yo ya sabía que estaba enamorada cuando me enamoré. Me enamoré como una flor florece en un jardín. Me enamoré en el momento en que su voz me transmitió paz, me hizo olvidar, y, sobretodo, me hizo feliz. Cuando me hizo feliz supe que no había vuelta atrás. Supe que era esa persona y no otra, supe con certeza, con la certeza de un depredador que sabe que va a cazar a su presa, que era él. Lo supe con todo mi instinto, y esperé a que mi inteligencia lo comenzara a reflexionar.

Ha pasado poco tiempo desde entonces, pero nunca he tenido algo tan claro en la vida. Ahora queda vivir, queda colmarnos de amor, de experiencias, de aventuras y vivencias. Ahora queda vivir, de la mano. Ahora nos queda toda una vida por ser felices y si muero, le buscaré y sé que le volveré a encontrar. Como Violeta hizo con Paul a lo largo de sus vidas, en todas y cada una de sus vidas. 

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