Donde se junta la tierra y el fuego

Me perdí por completo en el momento que te encontré. Luego supe que había estado ahí todo el tiempo. Era yo. Me encontré contigo, gracias a ti.

¿Ves allí, a lo lejos? Sí, allí, donde la tierra se junta con el fuego, donde los volcanes se alzan, donde el fuego sale de la tierra y arrasa con todo a su paso. La naturaleza alberga las maravillas que el hombre, por mucho que se esfuerce jamás podrá crear. Ni mil máquinas harán una flor, ni mil hombres harán la tierra.

Era de noche y podía verse una caverna, iluminada por el fuego. También había dos corazones mirando hacia el mismo lugar. ¿No ves que esta noche hay un fuego que ilumina hasta el rincón más oscuro de la caverna? No tengas miedo, entra. Y así es como el corazón de un hombre noble y el de una kitsune se encontraron, convergieron, desembocaron como desembocan los ríos en el mar. Encontrándose, peridéndose, reconociéndose.

Entra en mi corazón, dijo. Y entré. Me adentré en la tierra, en lo más profundo del bosque, en cada poro de su piel. El fuego no arrasa, destruye. Pero bien usado, puede iluminar. Ilumíname. Y así lo hice, me quedé en sus sombras, me quedé en su noche, en el negro de su alrededor sabiendo que una vez estando yo dentro, todo sería color. Todo vida, todo amor.

Cavernas, montañas, tierra. Tierra llena de vida llamándome. Juntos seremos un hogar. Pequeño zorro, tú eres la representación de lo que sentimos ella y yo. Eres la sombra de cuando dos vidas pasadas se juntan para seguir un destino. La astucia de la vida, que hace que dos personas que se conocen de antes vuelvan a encontrarse, a amarse, a estar juntas. Otra vez, en otra vida, en otros cuerpos, pero en el mismo sentimiento y tal vez, hasta en los mismos ojos.

Cuando me conoció le dije que yo, era un huracán. Lejos de huir, se quedó, y dijo que donde unos ven algo devastador otros ven belleza. Que cada uno ve lo que quiere ver, y que él me ve a mi. Yo la veo a ella, haciendo que esta montaña quiera ser parte del hogar de su fuego interior, que tiene cabida para un huracán. No tengas miedo. Déjame cuidarte.

Entonces me pregunté qué era el miedo y por qué lo había sentido alguna vez cuando en el amor no hay miedo. No se quiere con miedo, no se ama con miedo. Cuando le conocí olvidé por completo el miedo, supe que no había de qué temer. Supe que le conocía de antes. Sentí que conecté, sentí que el primer día que nos reímos juntos, algún día toda mi felicidad le pertenecería a él. Y yo sabía que podía hacerle feliz. Lo sabía, pero no imaginaba que meses después volviéramos a coincidir. Volviéramos a hablar, a entrelazarnos, a querernos nada más comenzar a hablar.

Entonces él era todo caos, yo toda paz. Se cambiaron las tornas, él era un huracán y yo sabía mucho de huracanes. Así que me quedé ahí, esperé, y todo pasó. Nos sumimos en paz, en vida. En naturaleza. La tierra y el fuego convivieron en un mismo hogar.

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