“Pies para qué los quiero si tengo alas para volar”

Me conoció salvaje y libre, me conoció loca e impredecible. Yo le dije que era un huracán, y él me creyó. “Si las personas fueran lluvia, yo sería llovizna y ella, un huracán”. En ningún momento dejé de ser quien soy, en ningún momento mi timidez ocultó alguna parte de mi personalidad, me dejé ser. Lo hice porque estaba preparada, estaba preparada para llevarme por delante a cualquier persona que quisiera cambiar un ápice de mi. Me amaba y amo, con toda mi locura.

Y él, sorprendentemente, también. Cada vez que pienso en él, el verano invencible que llevo en el pecho arde. Brillo con luz propia y él conmigo. Él tiene tanta luz que solo con conocerle, supe que iba a cambiarme la vida. Aquel día fui muy mía, era otoño y yo tenía un halo de seguridad en mi misma implacable. No quería llamar mi atención, quería pasar desapercibido para mi y su mejor manera de demostrarlo fue vacilándome, haciéndome reír, provocando en mi un interés y una reacción.

Si yo fuera kitsune, él sería el motivo de mi picardía. Me encanta la gente capaz de conectar contigo mediante la sutileza, la gracia esa que se esconde tras una carcajada muda. Hubo un momento de la noche, justo cuando más dulce es y más se le ve el corazón tan inmenso que tiene, que apoyó su cabeza en mi hombro. Que olvidó que yo era una desconocida, que no era nadie, pero un día iba a serlo. Y de alguna forma u otra, yo, lo sabía.

¿Qué confianzas son esas con alguien a quien no conoces?, ¿y qué reacción fue la mía al dejar que él se apoyara? Yo soy de las que quita el hombro, de las que marcan distancias. Ese día no. Porque parecía que te conocía de otra vida, y he llegado a cuestionarme la existencia de las vidas pasadas. Porque cuando estoy con él, siento que nos conocemos de otro tiempo, de otra época, de otros cuerpos. Jamás he conectado de esta forma con nadie. Jamás. Ni jamás me he sentido con tantas ganas de amar, de demostrar quién soy y que no se me juzgue por ello, sino que se me valore y quiera.

Balada de colibrís

Ambos éramos libres, como pájaros salvajes,

y nos quedamos en la misma rama.

Y cantamos, y así nos enamoramos,

cada uno se enamoró de la libertad del otro.

Tengo alas para volar a tu son,

tú las tienes para volar al mío.

Nos tenemos.

Hagamos de este vuelo un huracán,

pongamos nuestros mundos patas arriba.

Desnudémonos hasta conocer

cada poro de nuestra piel,

todos los matices de las plumas que nos hacen volar.

Volemos.

Tenemos todo el tiempo del mundo,

y el mundo en nuestro tiempo.

Amo tu libertad,

amo verte libre a mi lado.

Amo verte en las ramas de cada poesía,

y sentir como esta vibra en mi cabeza.

Como lleno la cabeza de pájaros,

y todos ellos tienen que ver contigo,

en todos estás tú.

Y próximamente…

nuestro nido.

 

 

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