Haz las maletas que nos vamos a Roma I

No puedo evitar ver caer las hojas de los últimos cerezos y pensar en Neruda, en lo que su primavera hacía con ellos. En lo que hiciste conmigo, en lo que hice contigo. Lo que hicimos con nuestro amor, lo pusimos en flor. Fuimos la primavera, el verano, el otoño y el invierno, fuimos en todas y cada una de las estaciones. Fuimos el sol y la luna.

Fui un lugar y tú el loco que viajaría donde yo estuviera. Te dije que me iba y asentiste, te hablé de Canadá y no dudaste en venir conmigo. Te hablé de ser fotógrafa y dijiste que ojalá, pudieras hacerme una fotografía mientras yo trabajaba. Porque no había paisaje más bonito que verme feliz. Eso dijiste.

Y yo reía, reía a carcajadas y me desnudaba el alma, solo por empaparme en tus ojos azules y hacerte el amor. Llenarte las pecas de besos y morderte la nariz. Mi hogar eras tú. Eras el lago de mis sueños, eras mi propio Lake Louise. Eras mi sueño, y joder, aún lo eres. Porque te veo y te sueño.

Y no hay cosa que más desee que me esperes al llegar a casa, saltar a tus brazos y que me des un abrazo de oso. Que me llames “nena” y “nana” y lo que tú quieras. Lo que tú quieras.

Cuánto te he echado de menos. Cuánto necesitaba el olor de tu piel. “Por favor, duerme conmigo, solo quiero tenerte al lado”, y me tuviste, me tuviste llenándote de besos, te tuve dentro de mi.

Desnudo en cuerpo y alma, a mis pies, en mi pecho y en mis manos. Y siempre te tendré. Y tú siempre me tendrás. Porque te quiero, te amo, te quiero en mi vida y no te pienso soltar. Porque o eres tú o no es nadie.

– ¿Si cogiera un avión esta noche te irías conmigo fuera donde fuera? – Me dijiste. Yo callé. Y tú supiste que daba igual el destino, que donde yo quería estar era contigo.

Que sí. Que me hubiera ido contigo y jamás hubiese mirado atrás. Que daba igual lo que tuviera en ese momento que por ti iba a ciegas. Que por ti me la jugaba, que por ti ponía la mano en el fuego. Que por ti o todo o nada.

Que era tu ángel de la guarda, que siempre estaba ahí. Tu ángel. Sin saber cómo ni por qué el destino siempre me ponía ahí. A tu lado y fiel.

Vámonos a Roma, mi amor.

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