Y una botella de ron

– ¿Qué quieres ser de mayor?

Verá señor,

de mayor quería ser tantas cosas, quería ser astronauta y llegar a la luna, luego veterinaria y heroína, psicóloga y haber sabido el grado de mi empatía. Entonces fracasé en todas las ciencias habidas y por haber, resultó que yo era una mujer de letras y míreme, a punto de ser periodista. Una muy extraña, mucho, que odia noticias pero le sobra imaginación. Quería ser tantas cosas y ojalá fuera todas y cada una, pero eso solo son oficios y lo que desconocemos es que esa pregunta, «qué quieres ser de mayor» tiene tantas respuestas como la magnitud del espacio. Verá, señor, me he convertido en un océano, no es que yo quisiera, es que la vida me ha hecho así. Un misterio que poco a poco, va conociendo a los monstruos que lleva dentro.

____

 

Todas y cada una de mis palabras, desde que comencé a escribir hará unos cuantos años, saben a agua y a sal, saben a mar. Son marinas y con corrientes que fluyen por mis venas, que nacen en mi cabeza y desembocan en el papel, y hacen que sea algo más que un puñado de huesos, un sin fin de complejos y un alma salvaje que va por libre, que no entiende de magnetismos con la luna ni de guiarse con las estrellas.

Ni brújulas ni coordenadas, si tú eres brújula yo seré imán y te perderás en mi, en la profundidad de este abismo donde sólo unos pocos saben vivir. Ni Karina, ni Sirius, ni la Polar, guíate por las constelaciones que traza el corazón cada vez que haces que tenga luz propia, que algún día se consumirá.

Yo no soy tu guía, ni soy mía, sólo del océano en el que me he convertido por tanto dejarme llevar. Yo era marinera, era tantas cosas para no ser ninguna, porque nadie entiende de destinos, de casualidades, ni del tiempo. Un día hace sol y otro llegan las lluvias, el frío, el invierno, vivo en el invierno más largo desde que mi corazón… se heló.

¿Quién va a querer a una mujer fría? Un océano no se enamora, no siente, no padece, llega a tierra, la lame y se va. Y vuelve y se va. Y te coge, te lleva, te devuelve y se va. Caprichosa y traicionera porque algo que no te pertenece nunca sabes con certeza cómo actuará.

Mira cuantos se han ahogado entre sus olas por confiar, mira cuantos se han equivocado por amar. 

Como ser si asfixiada, ahogada, azul, un corazón no late. Solo me sustenta un puñado de huesos, un sin fin de complejos y un alma que late porque escapa a las cosas de la carne.

¿Y sabe algo? Que pese a no tener corazón prefiero ser invicta, porque ningún pirata o marinero ha logrado conquistar la mar, ningún humano es de nada que no sea tierra. Cambié el corazón por la sal, para conservarme pese a la adversidad, a las circunstancias, a las casualidades, a todo aquello que me quisiera derrotar.

Yo no quiero nada, excepto la superficie, tengo miedo a que me guste estar hundida. Y tocada. Y seguir viva en la profundidad. Cambié el corazón por los sueños, por ser fuerte, por ser tantas cosas y no ser ninguna, porque no hay nadie mejor que yo que tenga tan claro lo que me espera. No soporto la presión en la que vive mi pecho, desde que desnuda me dejé arrastrar.

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